Una ciencia milenaria dificil de entender
A PROPÓSITO DE LA CIENCIA CHINA
El contacto intelectual con China es muy difícil de establecer. Incluso conociendo la lengua, es casi imposible captar los argumentos y las intenciones del interlocutor. Los físicos europeos del CERN [Centro Nacional de Investigaciones Científicas] discuten el siguiente problema: los recientes descubrimientos chinos sobre los statons, ¿constituyen un enorme progreso, o se trata simplemente de hechos conocidos y redactados en lengua cultural china? Igual perplejidad impera en los medios americanos de la física. Dejemos, pues, al profesor Chi Pen Lao, de la Universidad de Pekín, y a la Agencia Nueva China, la responsabilidad de sus afirmaciones.
Escafandras de 45.000 años. Según estas fuentes, en las montañas del Hunán y en una isla del lago Tungting se descubrieron unos bajorrelieves de granito que representan seres no humanos, o, mejor dicho, hombres-escafandra con trompa de elefante (¿aparato respiratorio?). Estos seres aparecen representados, ora de pie en el suelo, ora sobre unos objetos cilíndricos que flotan en el cielo. Según las mismas fuentes, ¡estos bajorrelieves tienen una antigüedad de 45.000 años! He aquí algo que no contradice nuestra tesis. Pero quisiéramos saber cómo ha sido determinada aquella antigüedad.
Existen métodos —termoluminiscencia, paleomagnetismo— para determinar las fechas, cuando no basta el carbono radiactivo. Sin embargo, que nosotros sepamos, estos métodos no han sido nunca aplicados in situ, y, como la Academia de Ciencias de Pekín no contesta las cartas que se le escriben, resulta difícil pronunciarse... Esperemos que la información sea exacta, y consignemos únicamente el hecho de que los mitos chinos aluden frecuentemente a visitantes extraterrestres.
Los documentos y los objetos que realmente poseemos para sentar y demostrar la idea de una ciencia y una técnica en China, datan de los tres primeros siglos de la Era cristiana. Entre cuarenta mil años antes de J. C. y trescientos después de J. C., existe una considerable distancia en el tiempo, la mayor que, hasta este momento, se ha señalado en este libro.
Bronce de aluminio y alquimia. Objetos de bronce de aluminio han sido encontrados en tumbas que datan del siglo II después de J. C. Parece imposible, pero es verdad. No se puede obtener bronce de aluminio sin electrólisis. Sin embargo, los alquimistas chinos lo consiguieron. ¿Con qué procedimiento? Esto es lo que quisiéramos saber. En todo caso, conviene consignar algunos datos sobre la alquimia china. Utilizaremos la Historia del mundo antiguo, de la UNESCO (tercera parte, edición inglesa). La alquimia china, cuyas raíces habría que buscar en los milenios desconocidos, tuvo por objeto transmutar al adepto, haciéndole adquirir la sabiduría y la inmortalidad corporal; en cambio, la fabricación de oro, a base de un procedimiento de transmutación tradicional, no fue más que una etapa para la obtención de productos capaces de asegurar al adepto la transgresión de la condición humana. Como establece muy bien la obra de la UNESCO, el oro alquímico no estaba destinado a la venta.
El primer texto alquímico conocido es el Ts'an-t'ung-Ch'i. Como todos los maestros de ciencias secretas, el autor escribe bajo seudónimo. El texto explica, en noventa párrafos, la fabricación, partiendo del oro, de la píldora de la inmortalidad, mediante un procedimiento térmico complejo, en un recipiente en forma de huevo y herméticamente cerrado. Como el célebre Tratado de las mutaciones, la obra utiliza el lenguaje binario de los ordenadores modernos. En ella encontramos ya los términos Yung y Yin, o sea la doble oposición que constituye la base de la doctrina del taoísmo.
Se han descubierto varios tratados de alquimia, todos ellos correspondientes a los tres primeros siglos de nuestra Era, pero que hacen referencia a hechos mucho más antiguos. Según los autores, los alquimistas que consiguieron realizar la Grande Obra vivirían aún en «una isla de los inmortales». Otros textos alquímicos han sido descubiertos después de la revolución cultural, pues Mao Tsé-tung se interesa por la alquimia, y en ser inmortal.

Carro volador. El grabado chino muestra a dos personajes en un carro que está rodeado de nubes y sus banderolas se agitan por el viento, es decir estaría en movimiento, volando.
Si se observa detenidamente la rueda, se notará que tiene secciones separadas en lo que sería su banda de rodamiento, también que cada una de esas secciones está unida al cubo de la rueda con dos rayos que se encuentran en sus extremos.
Este tipo de ruedas es el que describe el profeta Ezequiel y que luego es interpretada por el ingeniero aeronáutico Joseph Blumrich de la NASA y que se describe en el artículo Rueda Multidireccional.Si los chinos dibujan una rueda como la describe un hebreo hace varios miles de años y que suponemos debió ser de una nave extraterrestre, entonces es posible que sus afirmaciones de que los dioses bajaron del cielo y fueron sus instructores.
Pasemos ahora a lo que puede comprobarse. Existen dos fuentes indiscutibles en lo que concierne a China y a su ciencia. Una de ellas es la obra del doctor Alexander Kovda, director de la sección de Ciencias Exactas y Naturales de la UNESCO. La otra es la monumental Historia de la ciencia en China, del historiador inglés Joseph Needham, publicada por la Universidad de Cambridge.
El sismógrafo de Chang Heng. Un primer hecho cierto y sorprendente se desprende de estas obras: los chinos poseían un conocimiento exacto y sumamente desarrollado de la sismología. Esto es algo absolutamente único en la historia de las antiguas civilizaciones. Fueron los chinos quienes redactaron una lista completa de los temblores de tierra, desde el año 780 antes de J. C. hasta el 1644 de nuestra Era. Según las crónicas, los dioses bajados del cielo exigieron la redacción de esta lista. Por consiguiente, los dioses se interesaban de manera singular por la estructura del globo terrestre.
Pero hay, aún, algo más extraordinario. Chang Heng, nacido el año 78 y muerto el año 139, inventó el sismógrafo. Su aparato incluía un péndulo que podía desplazarse en ocho direcciones y hacía funcionar determinados mecanismos. En la parte exterior del aparato había ocho cabezas de dragón, cada una de las cuales sostenía una bola de bronce. Debajo de cada cabeza, un sapo, con la boca abierta, recogía la bola. De este modo se obtenían indicaciones que permitían situar, con la regla y el compás, el epicentro del terremoto. No cabe la menor duda sobre la existencia de este aparato. Pero quizá no se ha reflexionado bastante sobre su posible interpretación. Se trata de una aplicación, en el marco de las costumbres y de las artes chinas de la época, de principios científicos avanzados y que presuponen un conocimiento de la estructura de la Tierra, de las matemáticas e incluso de la propagación de las ondas, cuyo origen se ignora. Todo rastro de esta clase de estudios desaparece después de la dinastía de los Han. ¿Por qué?
Las máquinas astronómicas del siglo I. La misma obra de la UNESCO aporta datos interesantes sobre la astronomía china. Ésta surge antes que la alquimia y constituye la ciencia secreta de los sacerdotes-reyes de la dinastía Chu. Estos reyes son en parte mitológicos y en parte reales, y ningún historiador está de acuerdo en la determinación de qué emperadores Chu fueron míticos o reales. Así, el emperador Yao es citado a veces como legendario, y otras como humano. Se dice que nombró, para altos cargos, a unos astrónomos que tampoco sabemos si eran personas o entelequias.
Muy poco se sabe en Occidente de esta ciencia secreta. Se presume que sirvió, principalmente, para el estudio de un planeta invisible, pero que formaba parte del sistema solar. A partir del siglo XVI antes de J C., se advierte la observación sistemática de los eclipses de sol, que, incluso entonces, parecían muy antiguos, remontándose a fechas difíciles de admitir, porque se refieren a decenas de millares de años. Sabríamos mucho más si poseyéramos documentos escritos. Pero gran número de éstos fueron destruidos durante la revolución cultural. No la de Mao, sino la de Wang Mang. Wang Mang, llamado el Usurpador, gobernó China desde el año 9 hasta el año 22 de la Era cristiana; hizo la revolución, pero acabó por decretar impuestos tan gravosos, que fue asesinado durante el invierno del año 22 de nuestra Era. En el curso de la revolución, desaparecieron muchísimos textos. Casi doscientos años más tarde, aparecen nuevos documentos, durante el siglo II de la Era cristiana. Entonces vemos surgir, fundándose en una tradición inmemorial, una teoría según la cual los cielos no estaban compuestos de materia, sino que las estrellas y planetas flotaban en un espacio infinito y vacío. Es una teoría que se aproxima a la visión moderna, y absolutamente única en su tiempo. Comprobamos también, desde el año 5 de la Era cristiana, la existencia de máquinas que imitan el Universo, que siguen una estrella en su movimiento y permiten predecir los eclipses. En el siglo III, la predicción de los eclipses alcanza ya un grado excelente.
A fines del siglo IV se llega a predecir si un eclipse será parcial o total. Todo esto aparece perfectamente comprobado en los trabajos de Joseph Neeánam y de Alexander Kovda. Esta maquinaria celeste (la expresión es de Joseph Needham) parece ser absolutamente original. Se distingue de las tentativas contemporáneas de Alejandría y de las realizaciones posteriores en Europa por el sistema de coordenadas, fundado en la declinación y la eclíptica. Los dispositivos chinos hacen pensar en los telescopios modernos, mucho más que las realizaciones de los griegos o, incluso, las de la Edad Media europea.
No resulta difícil admitir, desde nuestro punto de vista, que se trata de una ciencia secreta, desarrollada de manera muy diferente a como se desarrolló en Europa. Hay que observar, también, que, desde el siglo I de la Era cristiana se conocía el magnetismo. Éste se empezó a utilizar para la orientación, aunque la brújula no apareció hasta un siglo más tarde. Desde el siglo I de nuestra Era, se describen imanes en forma de cuchara, que ostentaban un dibujo de la Osa Mayor y se orientaban hacia el Sur. Sin duda tenían ana antigüedad respetable, remontándose al período de los alquimistas inmortales, del que no sabemos prácticamente nada.
La tradición matemática Estos descubrimientos parecen relacionados con matemáticas avanzadas, que sin duda tuvieron mucho que ver con la magia taoísta. En el siglo II de la Era cristiana, sabemos que existió una “memoria sobre la tradición del arte matemático”, que relaciona los secretos de 1os números con los misterios del Tao,
En el terreno práctico, los mismos herederos de la tradición matemática inventan el ábaco, aproximadamente en los tiempos de Jesucristo. Este invento, contrariamente a lo ocurrido con otros, no llegará a Occidente, donde se realizará independientemente.
Los espejos mágicos. Todas las descripciones del desarrollo científico del primer milenio antes de J.C. aluden a los espejos mágicos. Algunos de estos espejos se conservan aún en colecciones particulares. Su estructura y su empleo resultan incomprensibles.
Son espejos que tienen, detrás del cristal, unos altorrelieves extraordinariamente complicados. Cuando el espejo está iluminado por la luz del sol directa, estos altorrelieves, separados de la superficie del espejo por un cristal reflectante, se hacen visibles. En cambio, esto no se produce con luz artificial. Es algo científicamente inexplicable.
También se atribuyen otras propiedades a estos espejos: asociados a pares, transmiten las imágenes, como la televisión. Que nosotros sepamos, no se ha hecho ningún experimento para comprobarlo. Los especialistas de la UNESCO explican que la singularidad de estos espejos se debe a «pequeñas diferencias de curvatura» (?), y se muestran reservados sobre las otras propiedades. Si se pudiese demostrar que estos espejos poseen circuitos impresos y constituyen un modo de comunicación, tendríamos una prueba de la existencia de técnicas avanzadas en la antigua China.
El I King. Por último, y a nuestro modo de ver, el I King constituye la prueba última y esencial de una ciencia superior en China. Necesitaríamos varios libros del tamaño mediano o mas, para estudiar a fondo el significado del I King. Nos limitaremos a mencionar lo que parece esencial, advirtiendo, ante todo, que la obra de C. G. Jung es capital en este campo, como en muchos otros.
El Tratado de las mutaciones. ¿Qué es el I King? El I King, o Libro de las mutaciones, es una obra en la que se consignan metódicamente todas las situaciones en que un ser humano puede encontrarse. Es también un oráculo que permite descubrir la situación en que se halla el interrogador en el momento de formular su interrogación. Para obtener la respuesta, el operador arroja al aire unos palillos y saca un número, correspondiente a la posición de aquéllos. Este número indica una frase del oráculo.
La clave que indica esta referencia —clave que, como el libro, es de una antigüedad imposible de precisar; tal vez cuatro mil años— utiliza el sistema binario, igual que hacen los ordenadores. El funcionamiento de este «aparato para conocerse» presupone, evidentemente, la intervención y el juego de fenómenos paranormales. Como en los experimentos parapsicológicos de Rhine y de Soal, existe una violación de las leyes de probabilidades y un traslado del tiempo, del pasado al futuro. Es indiscutible que el oráculo contesta y que sus respuestas son, muchas veces, sensatas. No cabe duda de que, si se hubiese dedicado al I King una parte de los recursos que se consagran a investigaciones insignificantes, pero tranquilizadoras, se habría hecho progresar el conocimiento universal.
Lo que llama la atención, incluso prescindiendo del aspecto paranormal del fenómeno, es la utilización de una clave binaria y al mismo tiempo, la sutil clasificación de todos los problemas humanos en un número limitado de situaciones típicas. Esto implica formas de pensamiento abstracto, ciertamente iguales o superiores a los de toda civilización conocida del año 2000 antes de J. C. Y si recapitulamos: fabricación del aluminio, sismografía, astronomía y espacio infinito, síntesis del oro, espejo mágico, I King, tendremos que reconocer que había en China una civilización absolutamente original y siempre orientada hacia la técnica.
Esta civilización plantea, evidentemente, numerosas cuestiones relativas al pasado. Pero también plantea otras, relativas al presente:
Dado su inmenso poder de abstracción, relacionado con una considerable capacidad técnica desde la más remota antigüedad, ¿por qué no ha progresado China, hasta asegurarse rápidamente la dominación del mundo? ¿Por qué ha triunfado Occidente sobre esta poderosa civilización?
El orgullo del Celeste Imperio. Según los tradicionalistas, hay que buscar la respuesta en el hecho de que el taoísmo degeneró rápidamente en un conjunto de prácticas de charlatanería, rompiéndose el lazo con los «inmortales». Según los materialistas como Joseph Needham o Alexander Kovda, el proletariado se dejó encadenar, y China perdió la oportunidad de una revolución industrial y de un 1917. Ninguna de estas respuestas es enteramente satisfactoria. Pero si queremos comprender el orgullo chino contemporáneo tenemos que remontarnos a las antiguas fuentes y ver en ellas la razón de una soberbia inmemorial, así como la justificación inmemorial de la ambición de gobernar el mundo.
Nota base: LA REVOLTE DES MAGICIENS L. Pauwels y J. Bergier
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